Ya ves. No es aconsejable anticiparse a los hechos.
El ridículo acecha en la precipitación.
El hazmerreír estropea las palabras más trágicas.
La insospechable fuerza de la vida echa por tierra la trascendencia de la despedida.
Siempre es mejor guardar silencio, un cauteloso silencio.
Es posible que entonces podamos mirar a alguien que nos mire, pero tampoco es seguro.
Me quitaron las botas y ya no se lleva morir con ellas puestas.